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TUVO QUE HABER SIDO POR AMOR (It’s must have been love)

  De las dos, esta es posiblemente la versión más breve de lo que aconteció aquella fatídica noche en un local al que, de aquí en adelante, y por miedo a posibles represalias, lo llamaremos Suecia.  Suecia era un bosque virgen de páramos helados y paisajes de fuertes colores, con acogedoras cabañas y caminos transitados por pastores de renos con una fuerte tradición vikinga. Un lugar frío en el que tenías que buscar el calor de la forma más tradicional. Allí las lugareñas son como lobos sabuesos. Por instinto, huelen tu miedo. Aquella noche tan sólo éramos dos tipos que hedían a “jamás vamos a pasar de la primera copa de Punsch”. La chica que se parecía a la cantante de Roxette lo sabía. Al otro lado de la barra, con el pelo corto, teñido de blanco y gris roto, al más puro estilo ochentero, estrictamente arreglada y desprendiendo un bello aroma a tusilagos, estaba sentada la chica sueca. Ojos grandes, muy bellos, y una sonrisa de las que quitan el hipo. De haber sabido que era la última noche que iba a ver a mi amigo, le hubiese dicho algo más entrañable. Pero no, fue un solitario “hasta luego, nos vemos mañana en el hotel” Jamás supe si fue por algo que le dijo o si fue uno de esos típicos malentendidos culturales que suelen darse en el intercambio de palabras de distintas lenguas. Su cuerpo apareció flotando en el lago dos semanas antes de aquella noche. Ni siquiera se molestaron en vestirle. Tuvo que haber sido por...

Sobre animales…

Sobre animales…   Desde hace años Siempre me había identificado Con el camaleón. Animal gracioso, único, listo. Acechando a su presa. Adaptándose como ninguno A la vida. A su ámbito A su alrededor. Hasta que un día, por pura casualidad Me encontré en el camino con unos erizos. Me contaron sus vidas Con sus percances y sus alegrías Sus dolores y sus penas. Desde ese mismo día Me di cuenta Que de hecho soy un erizo Y quedaré toda la vida Con mis púas… Como los erizos.

Standby

Por tercera noche consecutiva apagó el televisor y apareció su silueta reflejada en la pantalla toda negra, reflejo estático que le insinuaba que él también estaba en estado de espera. Los planes se le habían jodido, llegando a la conclusión de que había algo que conspiraba para que esa noche la volviera a pasar solo. Entonces vinieron las sombras, los ecos, los ruidos extraños, los crujidos que parecían provenir del fondo del pasillo y una peste a soledad empezó a colarse por la rendija de debajo de la puerta. Y lo peor, venía en su busca.

Subidas a mis barbas (lo probé todo)

Lo probé todo: A cambiar de mote, a cambiar de nick, de peinado, de forma de vestir. Cambié mis círculos, mis hábitos, mis manías, mi forma de sentir. Cambié mi eléctrica por una acústica, cambié mis mariposas por capullos y todos los colores se volvieron larvas. Volví al placebo y al placer del vino y me dejé las barbas. Lo había probado todo pero me di cuenta de que era el mismo idiota, idiota del todo. Me he vuelto a poner mi nombre, vuelvo a usar mi misma ropa, los mismos amigos de siempre y mis viejas formas. Mi eléctrica manoseada sin cuerdas, mi maquinilla oxidada, mis pastillas antidepre, mis mariposas enjauladas. Lo había probado todo y me vi en el abismo. Me di cuenta del problema, ahora al menos soy yo mismo. Eran ellas, eran ellas, eran ellaaaaaaas, las pesadillas que aún escarban. ¡¡¡Eran ellas, eran ellaaaaaaaaaaaaaaaaas!!! que se subían a mis barbas....

Siempre hay un gilipollas

Siempre hay un gilipollas. No importa tu disposición Para afrontar, o incluso disfrutar El día que los dioses te conceden Porque siempre hay un gilipollas: Que te retiren la mirada. Una mala cara por nada. Una observación mediocre. Una indirecta de mal gusto. Ignorar tu saludo a conciencia. Pagar contigo el mal polvo de ayer. Mil sonrisas que dicen “Tu puta madre”. Mil sonrisas que dicen “Me das igual, chico”. Hablarte mal porque “Es que me encuentro mal”. Hablarte mal porque “Es que no te entendía lo que decías”. Una sugerencia que se podría haber hecho con tacto y en voz baja. Una respuesta brusca por lo que no debería haber sido un malentendido. Así es como nos aplasta a diario el zapato de este mundo que hemos creado....

Miedo a cruzar la calle

Una vez conocí al miedo. No nos presentaron nunca pero enseguida supe que era él. Por su aliento podrido, por su almidonada vestimenta y su asfáltico modo de ser. Miedo al dinero, miedo al trabajo, miedo al tiempo, miedo al descanso. Miedo a los coches, miedo al sudor, miedo a mirarme al espejo y no encontrar nada. Miedo a serlo o a no ser yo. Miedo a cruzar la calle cuando el semáforo está en rojo. Miedo a mí mismo, miedo a ti… Así que esta vez probé a correr en círculos para quedarme en el mismo sitio, como correr sin huir, como huir sin correr. Y cuando creí haber estado lo suficientemente lejos de él pero cerca de mí, apareció el miedo-al-miedo, pero ya era demasiado tarde para evitar aquel impacto. Una vez conocí al miedo-al-miedo. No nos presentaron nunca pero enseguida supe que era él…...

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